Alicante desde el exilio no se ve, ni se escuchan sus tambores. Se convierte en un teléfono, en un sonido familiar, en una respiración, en una tos reconocible, en un refugio lejano. La ciudad es puro amor-odio. No le cuesta hacerse de detestar y no cuesta nada meterse con ella en la cama. Alicante es casi una enfermedad, una ratonera tóxica, un homicidio prolongado, un rayo que no cesa y que no puedes evitar, una contradicción permanente, un noviembre con decoración de Navidad, una fiesta de Halloween interminable, un bazar de chinos sin salida, una periferia desarraigada, una Emily Dickinson que se marchita en los bloques de la Virgen del Remedio o unos ‘bobdylanes’ desdichados que pintan la Calle de la Desolación.\r\n\r\n¿Este año otra vez la gota fría? Nos preguntamos cada vez que caen las cuatro gotas de siempre, mientras en Madrid llovemos rimas de 24 horas. Aunque desde la capital solo nos lleguen domingueros e iscariotes. Vivimos de lunes a viernes con ese temor de no llegar a ser todo lo que podríamos, mientras nos pasamos de frenada cuando llega el fin de semana. Sin términos medios ni medias tintas, pero con mucho tinto (de verano), que aquí el calor no lo espantas ni aunque saques del armario la trenca que te compraste en el Kiabi de oferta. Entre tanto, no hay día sin su pena, ni noche sin verbena. Si te quedas en casa es porque el cambio de hora te ha apagado la bombilla.\r\n\r\nPero no, desde VAHO MAGAZINE queremos decir que el otoño también nos apaga, pero no nos mata. Que esta tierra bien vale la pena. Y la alegría. Que de momento no se nos ha caído el Riscal, y no será por los kilotones de dinamita que le metemos a nuestras ganas. Tampoco nos ha aplastado el tsunami, y mira que nos rodean terremotos que se salen de la escala Richter. Aquí estamos, al pie del cañón, cargando el rifle con balas de plata contra los hombres lobo, contra sus promesas y sus quimeras. Porque no hay nadie más crédulo que el alicantino, pero al mismo tiempo nadie más descreído de su tierra.\r\n\r\nNosotros apuntamos, tú disparas.

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