Alicante en verano es un desierto lleno de gente y de eventos. La ciudad se despersonaliza aún más. Ya nadie conoce a nadie. La gente se desnuda. Todo vale. La oferta cultural se atomiza al mismo tiempo que las lipotimias. Triplicamos la población, nos abrimos en canal. Vaho siente las inclemencias térmicas, aquí no hay aire acondicionado, vivimos a la intemperie, el sol nos castiga en una tierra en la que llueve poco y mal. Somos el malabarista del semáforo, queremos que te pares un momento, pero no para mirarnos con orgullo ni con lástima. Solo queremos que prestes atención. No nos preocupan en exceso las tradiciones, al final todas se pierden. La cultura es cosa de todos aquí, y Alicante el escenario de la actividad. Alicante es el nombre de nuestra república del ocio: las letras, la danza, el teatro, la música… y su cielo, un universo de alcance planetario. La ciudad se mueve, la ciudad se para, se contrae, camina muchas veces sin saber a dónde va. La ciudad es lúcida y estúpida. La cultura no es lo que la gente quiere y al mismo tiempo es solo eso. La cultura es la que es.\r\n\r\nvaho_agostoComo nuestra ciudad en verano, difícil quererla excepto cuando pide socorro. Pero es un grito ahogado. Ahogado por un ahorcamiento de décadas que nos ha dejado sin oxígeno en el cerebro y con la garganta seca. Y este calor no ayuda. Galopando tumbonas y gintonic en ristre cualquiera se cree en el edén. Pero ahora que parece que la soga cede, nos hemos dado cuenta de algo: hemos olvidado que una vez tuvimos la capacidad para gritar. Para proponer. Para promover. Para decidir. Necesitamos una visita urgente al logopeda, que nos devuelva la palabra y nos oriente en ese proceso necesario de deslobotomización social. Porque tenemos el continente pero nos falta el contenido. Tenemos la cultura pero nos falta la identidad. Tenemos Alicante pero nos faltan los alicantinos.\r\n\r\n \r\n

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Por suerte, Vaho es la terapia.

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