Desconocemos el conjunto de ideas, tradiciones y costumbres que envuelven al pueblo alicantino a estas alturas de su historia. Cuesta definir cultura y, tal vez, más aún definir la performace colectiva que supone el día a día alicantino.\r\n\r\nNo es que nuestros cerebros no den más de sí después de un verano donde nos las hemos tenido que ver con una tintorera que consiguió sembrar el pánico en nuestras playas, ni que seamos ciegos o sordos, ni que odiemos a los fanáticos de las definiciones, a esa gente que lo tiene todo tan claro, y por supuesto no odiamos a nuestra ciudad ni a su pobre gente, al contrario: somos su pobre gente.\r\n\r\nRealmente podemos ver muchas cosas. Podemos ver como nuestros “cinemas paradisos” pasan a ser pasto de la especulación y en el mejor de los casos de la arqueología. Podemos ver a las ratas alicantinas saludar a cámara con su mejor sonrisa, y desde aquí les deseamos que pronto monten un partido político, votos no les van a faltar. Podemos ver como se destruye una identidad, una lengua. Podemos ver como se insulta a una mujer por vestirse de campesina vietnamita o de saragüel como sostiene parte de la intelectualidad alicantina.\r\n\r\nPor esto y muchas cosas más desde VAHO MAGAZINE hemos decidido que en vez de irnos a la vendimia nos vamos a quedar aquí a bebernos el vino, que vendimien otros, a escribir y a compartir con vosotros nuestro amor por los cines en ruinas, lo más moderno es mirar al pasado, nuestros diálogos con las ratas de toda la vida que con su conocimiento de las cloacas nos tienen tanto que enseñar y nuestra admiración por las campesinas vietnamitas ya que en una ciudad globalizada y abierta en canal como la nuestra Ho Chi Minh es tan alicantino como el que más.

Comentarios

comentarios