\r\n\r\n \r\n\r\nLunes 26 de diciembre\r\n\r\nDe camino a Murcia, el paisaje vuelve a ser el mismo y a ser otro. Otra vez me conmueve el escenario lunar que media entre Elche y Crevillente, la brusquedad de esa tierra.\r\n\r\n \r\n\r\nRepartirnos los regalos. Me siento feliz. Más aún en la tarde, cuando combatimos el frío leyendo junto a la estufa.\r\n\r\n \r\n\r\nMartes 27 de diciembre\r\n\r\nRegreso a casa antes de que anochezca.\r\n\r\n \r\n\r\nSobre la mesa, el maravilloso libro Botánicum, de la editorial Impedimenta, y las piezas de un Nanoblock, una especie de Lego en miniatura. Me dispongo a construir un chihuahua. Quien bien te quiere, te hará jugar.\r\n\r\n \r\n\r\nMiércoles 28 de diciembre\r\n\r\nAprovecho estos días con menos prisa también para cocinar. Me preparo unas lentejas con acelgas y una crema de champiñones. Me gusta comer lo que he cocinado. Es una forma de darme amor, de nutrirme.\r\n\r\n \r\n\r\nJueves 29 de diciembre\r\n\r\nLos sueños siguen siendo una constante que no mengua. Hoy, había un vivienda en una torre muy elevada que había sido ampliada con la torre vecina; ello había supuesto un peligro para la edificación especialmente en ese periodo de temblores de tierra. Recorría la casa que estaba a la venta o alguien quería que me la quedase. La distribución no tenía ningún sentido. Había un pasillo estrecho, largo, blanco y sombrío, y después otras estancias amplias, luminosas y contemporáneas. Uno de los cuartos de baño estaba en la parte sombría; tenía azulejos marrones y grifería de oro. Todo era un despropósito. Se notaba que la casa estaba forzada, que para ser ampliada había forzado los cimientos de dos edificios como quien une dos ramas en un tiesto. En los bajos de los dos edificios había un colegio y yo temía que todo se desplomase y acabase con los niños en el festival de fin de curso.\r\n\r\n \r\n\r\nViernes 30 de diciembre\r\n\r\nVienen a casa C. y S. Volvemos a preparar pizza, porque hemos perfeccionado la masa y creemos que les gustará. Nos hemos hecho con una bandeja de turrones para compensar la falta de decoración navideña. Me sorprende lo rápido que pasa el tiempo cuando se está a gusto.\r\n\r\n \r\n\r\nSábado 31 de diciembre\r\n\r\nPermanecemos en casa por resfriado. La nochevieja siempre me ha dado un poco lo mismo, de manera que me parece estupendo estar recogida en casa leyendo relatos de Borges y Paulina Flores.\r\n\r\n \r\n\r\nPienso en lo que me llevo de este año que acaba al 2017. Lo primero, este amor, tierno y fuerte, que me colma. Lo segundo, mi primer poemario El animal y la urbe, y el valor de haber vencido mi miedo a publicar. Lo tercero, la relación conmigo misma, que se ha serenado; que ha perdido en drama para ganar en aplomo.\r\n\r\n \r\n\r\nDomingo 1 de enero\r\n\r\nLeo en el blog de David González, un poema de Stefán Hördur Grimsson titulado Domingo: “Llega/ el domingo.// Llegaste/ tú.// Pájaros/ de un mismo/ bosque”. Empiezo el día leyendo y tomando notas para el diario.\r\n\r\n \r\n\r\nYa mucho mejor, al mediodía cumplimos nuestro propósito de dar un largo paseo junto al mar. Después, nos homenajeamos con la comida que ayer no pudimos tener. Reímos y cantamos. Es un gran día.\r\n\r\n 

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