Parafraseando a Javier Pérez Andújar podemos decir que ser de Alicante es de pobres. Pero no os preocupéis, no hay que tener ni complejos ni taparlo. Si os fijáis casi todo lo que hacemos a lo largo del día es de pobres. Levantarse es de pobres, trabajar, oír música, tener perro, usar desodorante, mantener cualquier conversación es de pobres, votar, esperar que el semáforo cambie a verde es de pobres y saltárselo también, hacer terapia es muy de pobres, comer es de pobres, cepillarse los dientes, tener pareja es de ser pobres doblemente, ir al cine es de ser un maldito pobre, bailar es la indigencia total, en fin… nacer y morir es de pobres. Da igual lo que hagas la pobreza siempre está ahí, en cada esquina y es que las esquinas son de pobres, como los coches aparcados que también son de pobres.\r\n\r\nDesde VAHO MAGAZINE sabemos que el otoño es de pobres y el cambio climático y los desastres naturales también. No nos atrevemos a afirmar que la cultura sea la riqueza de los pobres, pero algo es algo. En todo caso reivindicamos nuestro derecho a gestionarla y enfocarla como nos dé la gana conscientes de que la cultura tangible alicantina es algo más que tirar petardos o meterle mano a la Bellea del Foc. También pasa por hacer el pino, tocar el ukelele, asistir a una jam de danza, realizar viajes transoceánicos a Tabarca para disfrutar del Diluvi o tomarnos una cerveza vegana Sacco y Vanzetti en buena compañía. Tampoco nos olvidamos de lo intangible y simbólico que, más allá del olor a pólvora o los diversos sonidos que emiten las fiestas populares, consistiría en tumbar la plaza a la división azul, para que alguna noche bajo la luz anaranjada de nuestras farolas se vea caer la nieve sobre nuestra stalingrada.

Comentarios

comentarios