Dejando al margen la pertinencia lógica de que el concierto de bienvenida al curso de la Universidad de Alicante se celebre en la plaza de toros y no en el propio campus, comercialmente el emplazamiento es todo un acierto. Lo que al llegar uno podía pensar que terminaría en fracaso absoluto (son las 21 h. y el recinto se encuentra apenas a un 40% de su capacidad ―y recordemos que las puertas se abrían a las 19:30 h., pero esto es España y nada es lo que parece), transcurridas tres horas se convierte en un lleno. Y, a la salida, la gente muy contenta. Bien, hasta aquí la historia oficial: todo un éxito. ¿Y la letra pequeña qué?\r\n\r\nUna de las cosas que más nos llaman la atención de los tiempos que corren es el completo absentismo y alelamiento de la gente que nos rodea en casi todas las situaciones cotidianas. Y un concierto no podía ser menos. Da igual la banda que esté tocando, si es que está tocando, y lo numeroso o cool del grupo de gente: tú pagas hasta 30 eureles del ala (aquí la letra pequeña del «desde 10€») para invertir las siguientes cuatro horas con la cabeza como un aguilucho mirando el móvil. Pero Twitter echa humo porque, eso sí, todo está siendo un éxito rotundo. Todo menos tu cerebro hipster.\r\n\r\nTía, igual te estás pasando.\r\n\r\nVale. Perdón. Seguimos.\r\n\r\nSi ignoramos, pues, la escasa implicación del público hasta que llegaron los cabeza de cartel Lori Meyers, el concierto estuvo bien. Podemos intentar ensañarnos con los pequeños detalles, como cuánto dejan que desear los vídeos promocionales de la UA, la extraña distribución del espacio o la insulsez, la falta de sangre, las pocas ganas de vivir de lo que se supone que representa la crème de la crème del indie, pero en líneas generales, estuvo bien. A Annie B. Sweet, además de que el público no le hizo ni caso ―y mira que lo intentó, la muchacha, que vino mucho menos lánguida que de costumbre― no se le oían ni las eses. Pero el problema acústico se solventó rápidamente cuando le llegó el turno a Miss Caffeina, que probablemente fueron lo más interesante de la noche, con un batería más que digno y unos esfuerzos notables por parte de Alberto Jiménez por amenizar un repertorio ante el que desde las gradas la respuesta era más bien gélida. Y, como no todo iba a ir en ascenso, Lori Meyers, que se llevó de calle a la gente, tuvieron una puesta en escena sosa y estridente a partes iguales. Porque sí, es posible no interactuar con el público nada más que lo justito y al mismo tiempo provocar ataques de epilepsia con unos audiovisuales en flash que quedaron obsoletos hace años pero son muy modernetes y resultones. Y así hasta la una y media pasadas, que eso sí que no se puede discutir.\r\n\r\nDesde la redacción de Vaho se nos pidió que nos fijáramos en cosas como por ejemplo el estado de los baños, y aunque esto en concreto no pudimos cumplirlo (visto lo visto, era conveniente no intentarlo), sí quisimos probar los perritos, único sustento posible dentro de la plaza, pero ni modo, porque el puesto estaba en la arena y sólo en la arena. Lo que sí pudimos es comprobar que la birra estaba al módico precio de 3€ la caña y 8€ (OCHO EUROS, con dos cojones) el mini. Así no se puede.

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