“Creo que la conciencia humana es un trágico paso en falso en la evolución. Llegamos a ser demasiado conscientes de nosotros mismos”.\r\n\r\n(Rust Cohle en ‘True Detective’)\r\n\r\nHace 9 meses escribí mi primer artículo para VAHO. Comenzaba hablando de Rajoy, un pedazo de carne con ojos que solo sabe decir idioteces y para el que el cambio climático tiene menos importancia que cualquier partido de la copa del rey: es algo que sale en la televisión y que como mucho merece una frase del tipo “eso de lo que usted me habla está en la agenda política del gobierno y estamos trabajando en ello”. Pues ya podemos decir que, tras más de 300 días de suspense e intrigas, Rajoy ha sido reelegido presidente del gobierno con el apoyo de la extrema derecha que representa Ciudadanos y de la extrema vergüenza en la que se ha convertido el PSOE. Así que a nivel nacional no hay nada nuevo bajo el sol. Rajoy ya ha dejado claro en su discurso de investidura que no va a cambiar en nada sustancial su política, y eso significa que seguirá gobernando para Endesa, Iberdrola y ese cúmulo de empresas que luego ponen en nómina a gente de la talla de José María Aznar y Felipe González. Es decir, que el real decreto sobre autoconsumo que aprobó el gobierno, conocido como el ‘impuesto al sol’, no va a ver alterada ni una sola de sus comas. Que continúe gobernando Rajoy significa también que habrá empresas que sigan haciendo caja cada vez que un monte arda, y que se podrán recalificar terrenos protegidos cuando el suelo se haya quemado.\r\n\r\nEl próximo presidente del planeta, Trump, considera, como millones de estadounidenses, que el cambio climático es un invento de los chinos para poner piedras en la senda del desarrollo industrial americano. Pero la realidad es que China está a la cabeza de la apuesta por las energías renovables. Para muestra un botón: el proyecto de construcción de presas que generarán más de 120 Gigavatios (el equivalente a 120 plantas nucleares) antes de 2020.\r\n\r\nEn nuestro maltrecho país, el tiempo pasa y nadie hace nada. Los casquetes polares se derriten al galope y da igual que pasemos la Navidad en bañador porque lo único que veremos en los diarios locales serán las buenas cifras de ocupación hotelera en Benidorm. Empiezo a pensar que lo mejor que nos puede pasar es lo que nos va a pasar. Es muy posible que no podamos hacer nada ya. No voy a repetir la maraña de datos que escribí hace 9 meses ni voy a reprochar nada a un Ayuntamiento que está dedicado casi a tiempo completo al desmentido de las calumnias que publican unos medios de comunicación locales para los que el cambio climático solo es noticia si Leonardo DiCaprio estrena un documental.\r\n\r\nAsí que, como veis, la cosa está en nuestras manos. Y eso es terrible, porque nos hemos convertido en ratas de centro comercial, estamos dentro de la rueda de consumo, absolutamente desnaturalizados. Parecemos un episodio de la cuarta temporada de Black Mirror. Y no podemos hacer nada porque, para empezar, no conocemos la verdadera repercusión que el cambio climático tendrá en nuestra forma de vivir. No tenemos información. Además, alguien se ha tomado la molestia de, durante años, instalar en nuestras cabezas la idea de que lo que uno haga no va a cambiar nada. Así que no hacemos nunca nada. Por último, tomar cartas en el asunto supone cambiar nuestras vidas. Supone comprar comida en redes de producción de alimentos locales, utilizar transporte público o bicicleta y, para acabar ya con el artículo, hacer un uso responsable y consciente de los recursos que nos quedan. En realidad, se trata de volver a vivir como antes, como cuando el ser humano estaba conectado con el medio ambiente. Como cuando no éramos tan conscientes de nosotros mismos.\r\n\r\n 

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