¿Cómo resistimos? ¿Ante qué resistimos? El domingo pasado, los bailarines y coreógrafos Daniel Hernández, de la compañía Spin Off Danza, y Mario G. Sáez, de Erre que Erre, estrenaron en el Teatro Arniches, la pieza Aguanta, una pieza que es una investigación escénica a partir del concepto de la resistencia.\r\n\r\n \r\n\r\nEl origen de Aguanta se remonta al 2013, a un festival de danza de Vila-Real en el que los dos bailarines presentaron sus respectivos solos. Estando allí les surgió la idea de realizar una colaboración dado que, aunque sus trayectorias y experiencias profesionales venían de caminos diferentes, ambos compartían una codificación física, una forma de estar en escena, que era perfectamente compatible.\r\n\r\n \r\n\r\nEsa colaboración, esa necesidad de dialogar con otros artistas en un escenario de crisis general, es parte del discurso que pone de relevancia la pieza Aguanta. En los cuarenta y cinco minutos que dura la obra, los dos bailarines llevan a escena una exploración alrededor de la idea de la resistencia. Sus planteamientos, sus enfoques en torno a este concepto, son diferentes pero complementarios y, ante todo, se necesitan mutuamente: uno de ellos se lleva al límite de la extenuación, el otro intenta, una y otra vez, recuperarse; cuando uno se deja vencer, el otro es el estímulo.\r\n\r\n

Fotografía: David Sardaña

\r\n\r\nEn ese proceso hay un par de momentos de soledad, en los que los bailarines hablan, proponen un discurso físico claramente diferenciado que se antoja como una remembranza a sus orígenes coreográficos. Pero es en la conjunción de ambos discursos donde la pieza resulta más interesante, donde ambos parecen crecerse. En relación con esto, la lucha con el otro, el conflicto, se propone también como una manera de trascender el obstáculo, de ir más allá de la resistencia. Y si bien el conflicto parece surgir con el otro, es ciertamente en la colaboración de ambos bailarines, de ambos sujetos escénicos, (el yo y el otro) como puede avanzarse en la resolución de la crisis.\r\n\r\n \r\n\r\nPuede extrañar que se trate de un trabajo de improvisación, sin embargo, no cabe duda de que es el planteamiento más coherente para preservar la frescura de su discurso: un sujeto que resiste, el bailarín en este caso, debe ser creativo, debe estar a la escucha, debe mantener la atención a la escena para saber callar o proponer, debe permanecer en la tensión vital que le lleve a avanzar. La integridad y seriedad que la pieza revela, evidencian que ha habido un trabajo intenso de búsqueda y creación a partir de una partitura mínima que crece hasta ser un todo.\r\n\r\n

Fotografía: David Sardaña

\r\n\r\nEl final de la pieza rompe cómica e irónicamente con todo lo anterior. La música tecnológica y experimental del groso de Aguanta, se ve interrumpida por una versión bellísima del We can be héroes, de Bowie.\r\n\r\n \r\n\r\nHoy más que nunca, la heroicidad es la resistencia.

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