El lunes escuché una conversación de autobús que aún hoy me hace reflexionar. Se puede resumir en un: “Como siga lloviendo, mañana nos volvemos a Madrid”.\r\nHasta en invierno, Alicante solo es interesante por su sol y por su playa. Por tomarse unas cañas en una terraza. Y una paella de 30€ en la calle Mayor. Por ser una disco-bar de media tarde. Y un urinario en cada esquina de su Casco Antiguo. Una ciudad que no está acostumbrada a la lluvia. Que se desertiza cuando cuatro gotas caen dos días seguidos. Que se viste de plúmbeo gris y no sabe jugar a saltar en los charcos.\r\n\r\n \r\n\r\nNo será por la carencia de lugares que visitar, ni por falta de patrimonio, ni por ausencia de oferta cultural. Este fin de semana, sin ir más lejos, teníamos el Festitíteres. Pero ni con esas. Parece que ni el mejor de los maestros titiriteros pudiera obrar un espectáculo en el que el público se creyera que en esta ciudad se hace algo más que ir a la playa y salir de fiesta. La verbena es tan delirante que hasta el Busto de Agamenón que hay junto al Teatro Principal parece más la barra de un bar en la que dejar el cubata que un monumento a un héroe homérico. Si es que entre las cutre-despedidas y el infame tardeo arde Troya cada sábado.\r\n\r\n \r\n\r\n¿Es esto lo que queremos? Se lo pregunto a los que vivimos aquí los 365 días. Porque si hay que buscar responsables, no son precisamente esos madrileños que quieren echar pies en polvorosa cuando el tiempo no acompaña. Ni siquiera las que se ponen la polla en la cabeza o los que se visten de flamenca para emborracharse sobre los trescientos cadáveres del Mercado y pasearse por la Rambla a la espera de que se le acerque la de los flyers para venderles el paraíso vestido de Bershka. Seguramente seamos muchos los cómplices de esta Alicante prostituta y decadente. Pero otros tantos, conscientes de lo que ven, optan por esa posición cómoda del derrotismo patológico, del “si aquí no hay ná” o del “¿y qué quieres que haga yo?”.\r\n\r\n \r\n\r\nDesde aquí, quiero hacer un llamamiento popular, ahora que nuestro privilegiado clima empieza a secar los charcos y las calles vuelven a vestirse de burdel a la espera de un nuevo fin de semana de vacíos placeres: ahora que ese ‘menfotismo’ caciquil está en un impasse, seamos chovinistas, amemos nuestra ciudad. Cuando alguien de fuera te pregunte qué puede hacer en Alicante, que se te llene la boca de las muchísimas posibilidades que tiene: conciertos, teatro, festivales, eventos, bares culturales, museos, yacimientos… y sí, que se tomen una paella en la calle Mayor y se beban un buen vino en Castaños. Pero que sepan que eso será lo más aburrido que harán en tu ciudad. Que somos una ciudad de ocio, pero también cultural. Repleta de artistas maravillosos y lugares mágicos. Porque es verdad, aquí nadie os vende humo. Como mucho ese vaho balsámico que os ayuda a respirar.\r\n\r\n \r\n\r\nY cuando llueva, a saltar en los charcos.\r\n\r\nQue no nos dé miedo mojarnos.

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