«Tomen la educación y la cultura, y el resto se dará por añadidura.» \r\n\r\nEl poder económico lee a Gramsci, sin duda. Y el resto de los mortales parece que vemos Gran Hermano y poco más, sin duda también. El pasado lunes llegó a mis oídos el rumor, más que fundado, de que la titulación en la que imparto docencia desde hace más de 14 años en la Universidad de Alicante desaparecerá el curso próximo. La excusa es que no es rentable, claro, y para que haya dejado de serlo alguien ha estado trabajando sin descanso durante años: la subida de tasas y la reducción de becas han conseguido que pasemos de cerca de 400 matriculados a poco más de 40 en solo 4 años. Esa misma titulación que desaparece será ofertada, muy probablemente, por una universidad católica de próxima construcción en suelo público cedido por el Ayuntamiento de San Juan.\r\n\r\nEste hecho concreto solo se puede entender enmarcado en el proceso de privatización de la educación universitaria que comenzó el PSOE y aceleró el PP en la última legislatura. La implantación del 3+2 y las reválidas son la culminación de ese proceso, que acaba con una universidad pública reducida a escombros si no hacemos nada para evitarlo. Y eso me lleva a la segunda de las citas.\r\n\r\n \r\n\r\n«La indiferencia es el peso muerto de la Historia.»\r\n\r\nLa contestación entre el profesorado y el alumnado a las medidas que van a suponer el cierre de titulaciones, el despido de profesores y que miles de alumnos tengan que abandonar los estudios ha sido y está siendo ridícula. La desmovilización es total. Hace un par de años, y con motivo de la convocatoria de una huelga contra los recortes en educación y la subida de tasas, a la que estudiantes y profesores estábamos convocados, un estudiante me preguntó si yo iba a secundar la huelga. Yo le contesté que era él quien tenía que decidir qué hacía, y que tenía que hacerlo con independencia de lo que yo hiciera, porque nadie iba a defender sus intereses por él. El alumno me dijo que su intención era acudir a clase, pero quería saber qué haría yo para quedarse en casa si yo hacía huelga. Yo le contesté que a lo mejor en unos años, por desentenderse de sus asuntos, no iba a tener clase a la que ir. El chico me miró con una cara a mitad de camino entre el escepticismo y el desprecio. Yo, en realidad, esperaba que pasaran más años de los que le han hecho falta al poder económico para dejar a ese alumno, y a otros muchos, sin clase a la que ir.\r\n\r\n \r\n\r\nTodo acto tiene consecuencias y aquí el desentendimiento de los asuntos públicos y la indiferencia actúan como verdaderas armas de destrucción masiva.\r\n\r\n«El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.» \r\n\r\nCon esta última cita, Gramsci nos da las coordenadas para comprender el momento histórico en que nos movemos, a medio camino entre un mundo que no acaba de morir y otro que no termina de nacer. Nadie nos garantiza que lo que viene sea mejor de lo que hay. En realidad, todo apunta a que lo que se nos viene encima será una distopía, una especie de versión ultra de lo que ya podemos encontrar en algunos rincones del planeta, como las fábricas de Inditex en Bangladesh. Y eso es así porque el poder económico trabaja día y noche.\r\n\r\nY nuestra indiferencia está apuntalando esa (todavía) posibilidad.\r\n\r\n 

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