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Para el escritor de verdad su única patria es su biblioteca.\r\n—Roberto Bolaño

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Uno

\r\nValencia – Albacete – Cartagena – Murcia – Alicante Terminal. Treinta y cuatro poetas. Veintiún alicantinos (de nacimiento o adopción) haciendo de anfitriones para que trece escritores crucen esa frontera que tan insalvable podría resultar cualquier sábado por la mañana. Ahí empezó todo. Se salva, sí, la frontera geográfica, pero también la otra, la del miedo a que la poesía sea una lengua inaccesible. Así, desde octubre, un grupo creciente acude a su cita del vermut poético y se retroalimenta. Se estrechan lazos, se (re)descubren autores o versos, se improvisan tertulias literarias de sobremesa. Así, poco a poco, se amplía el perímetro que nos contiene a estas cinco provincias.\r\n

Dos

\r\nCon el CINCO, los editores de la revista La Galla Ciencia saldan la deuda pendiente con América Latina que quedó en el TRES. Veinte poetas afrobrasileños con los que hermanar culturas. El mismo hermanamiento que se procura al hablar en un medio local de iniciativas colindantes que tienden a trazar puentes. Y, más adelante, dicen de los once jóvenes poetas canarios que conforman la otra mitad de este número: «Ellos, como todos, andan buscando certezas en un mundo plagado de incertidumbre». Los gallos, como ellos, llevan más de dos años buscando certezas y —esperamos que lo sepan— arrojándolas a quienes acudimos a su corral para picotear esos versos inéditos.\r\n

Tres

\r\nDe nuevos poetas a poetas novísimos. Al margen de festivales de poesía mainstream, de ferias de «alta costura», y por supuesto al margen de la repercusión mediática de una prensa que ignora cualquier evento no institucional y/o posmoderno. Al margen de todo esto, decimos, queda lo bueno. El mejor poeta vivo español (paradójicamente residente en Francia) tuvo a bien ofrecer uno de sus recitales más completos en una sala pequeña pero entregada. José María Álvarez vino desde Cartagena, joven como nunca, para hacer de esta ciudad un lugar cultural y artísticamente más habitable. Titula su última obra Seek to know no more pero, en el fondo, siempre quiere saber más.\r\n

Cuatro

\r\nDel culturalismo barroco al minimalismo, a la cruda desnudez de cada página de Oscura deja la piel su sombra. Al trabajo de la escritura desde la óptica del escultor. En su primer poemario, Beatriz Miralles (madrileña de nacimiento, murciana de corazón) reduce al mínimo vital semántico el poema, cincela y desecha el mármol que es la palabra, tan blanca a veces, para dejar visible sólo «su terrible desamparo». El suyo o el de una poesía que trabaja el no decir. Porque ¿«cómo nombrar lo que no existe», cómo dejar constancia de la existencia de lo innombrable? Como ella lo hace: con silencio.\r\n\r\n \r\n\r\n


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