Lunes 5 de septiembre\r\n\r\nEmpezar. Hoy es el verdadero comienzo, el primer lunes de septiembre.\r\n\r\nHace un calor tan denso que parece que estemos atrapados en uno de esos sueños que no te permiten despertarte; ves, escuchas, pero tu cuerpo sigue dormido.\r\n\r\nEn la reunión, he olvidado explicar el funcionamiento de las guardias; la sensación de incompletitud en este nuevo curso, sigue vigente.\r\n\r\nMartes 6 de septiembre\r\n\r\nNinguno del equipo cree que vaya a ser capaz de llevar este diario, quizá ni yo misma lo sea. Es algo que había pensado en hacer desde hace tiempo, pero no sabría si a mis compañeros les parecería interesante. Mi resistencia principal no tiene que ver con la incapacidad de llevarlo a cabo, sino más bien con el interés que pueda suscitar. Al fin y al cabo, la cotidianeidad exige una presencia que muchas veces me aleja de los eventos culturales.\r\n\r\nMientras sucede la reunión de equipo, en el Teatro Principal hay una obra en marcha dentro del ciclo Alicante a Escena, XXIX Mostra de teatre Amateur. Sé que no voy a poder asistir, ni hoy, ni posiblemente ninguno de los días. Y es una pena. En el teatro siempre hay una vivencia irrepetible.\r\n\r\nMiércoles 7 de septiembre\r\n\r\nLa mañana tiene prisa en suceder. La burocracia exige una atención, una estructura argumental, que desborda la escritura lírica. Pienso con practicidad, elaboro cuadrantes y horarios, planes de trabajo, bocetos de unidades didácticas. Por la mañana y por la tarde. Llego a la noche exhausta.\r\n\r\nHace unos años, apenas soñaba o no conseguía recordar nada de lo soñado. Ahora en cambio, sueño con ansia. A veces con tanta precisión de detalles que me despierto ya vivida.\r\n\r\nJueves 8 de septiembre\r\n\r\nMe encuentro con una antigua alumna del centro. Coincidimos en el primer curso en que di clases allí. Resulta extraño estar en clase con una cría embarazada. Ahora lleva, además de ese niño que ya tiene dos años y medio, un bebé de dos meses. El pequeño no deja de llorar. Ella no llegó a terminar el graduado; está luchando como mejor sabe. Alicante son muchos Alicantes.\r\n\r\nViernes 9 de septiembre\r\n\r\nLas tardes que conduzco hacia Murcia, me parece andar persiguiendo el sol. El paisaje es una constante sugerencia. Me gustaría fotografiarlo. Entre la Vega Baja y Murcia, ha habido un accidente que nos obliga a detenernos. Podría hacer una foto pero no me parece procedente; la urgencia de la escena exige de un decoro. A mi izquierda, una montaña donde podría hundirme; a la derecha, un campo de limoneros y el sol al ras.\r\n\r\nVoy a una presentación de una plaquette de poesía e ilustración que merece mi admiración, por el cuidado con que está hecha y pensada, por el proyecto que hay detrás. Se llama AdMinimum. Se presenta el número 6, con los versos de Annie Costello y la ilustración de Rubén Gómez Radioboy.  Es muy bella.\r\n\r\nSábado 10 de septiembre\r\n\r\nCafé Society no pasa de entretenida, pero es lo que quería esta tarde. Siesta, lectura, paseo y un cine amable.\r\n\r\nDomingo 11 de septiembre\r\n\r\nMe despierto, leo y me vuelvo a dormir. Mi cuerpo se resiste al día.\r\n\r\nDe regreso a casa, una nube inmensa. Es tan carnosa que parece un cuerpo. Pienso cómo sería tumbarse sobre ella, si resistiese el peso y evitase la caída.\r\n\r\nHace quince años, cuando los atentados de Nueva York, había quedado a tomar café con una amiga en la cafetería de la facultad de Medicina. Había visto las noticias y estaba en estado de shock, pero al mismo tiempo acudía con vergüenza a la cita porque había engordado mucho desde la última vez que la había visto. Posiblemente no era consciente todavía de la relevancia que iban a tener esos acontecimientos en nuestras vidas, pero sobre todo, era incapaz de renunciar a mis obsesiones de entonces, demasiado poderosas para mirar con perspectiva.\r\n\r\nEn el 92 subí a una de las torres gemelas; en varias plantas más abajo se declaró un incendio pero no supimos nada hasta que salimos por el hall y vimos a los bomberos.

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