Lunes 9 de enero\r\n\r\nEl primer día de curso después de vacaciones. Resulta mejor de lo que parecía. Las lluvias han enmohecido el despacho. No pueden venir a repararnos la humedad hasta dentro de unas semanas. Mi compañera dice que respirar eso hace enfermar. Pienso en mis pulmones y les pido que no imiten a esas paredes negras.\r\n\r\n \r\n\r\nCorrijo definitivamente el último poemario y lo presento, con prisa, a un certamen. No suelo hacerlo, suelo dejarlo pasar. Pero en esta ocasión, me siento segura y animada.\r\n\r\n \r\n\r\nMartes 10 de enero\r\n\r\nMis alumnos no son fáciles. El lugar donde trabajo no tiene aulas normales. Las tensiones nos violentan a todos. Termino agotada y un poco triste.\r\n\r\n \r\n\r\nEl frío se hace notar.\r\n\r\n \r\n\r\nMiércoles 11 de enero\r\n\r\nNormalmente, a lo largo de la semana voy tomando notas, y el lunes o el martes me siento a escribir este diario. Pero ni ayer ni hoy pude hacerlo, así que hoy recupero los días pasados. Hago una fotografía parcial de lo ocurrido. Decir es también callar; las fotos cuentan un ángulo.\r\n\r\n \r\n\r\nEn la reunión he estado más serena que en otras ocasiones y me felicito por ello. Ese es mi propósito este año, que la calma que llegó a mi vida en 2016 se afirme como una verdad perenne en mí.\r\n\r\n \r\n\r\nJueves 12 de enero\r\n\r\nHan venido de Cádiz P., su esposa L. y su hija F., y nos reunimos algunos amigos. Ellos quedan a comer y yo me incorporo al café. Charlamos y reímos, y después de jugar un rato con las niñas, no me dejan volver a mi asiento. Jugamos a aventuras, que era mi juego preferido cuando era pequeña. Tenemos que sortear una serie de obstáculos y hay que trepar, saltar, correr, andar con sigilo y esconderse. Nos inventamos un territorio donde conviven lobos, cocodrilos y tiburones. Me divierto muchísimo.\r\n\r\n \r\n\r\nViernes 13 de enero\r\n\r\nParece que la primera semana laboral no ha sido tan dura como esperaba. Resuelvo varios asuntos que quedaron pendientes antes de vacaciones.\r\n\r\n \r\n\r\nLa tarde es tranquila. Fuera de casa, ya debe hacer frío.\r\n\r\n \r\n\r\nSábado 14 de enero\r\n\r\nPreparo una crema de calabaza y una tortilla de patatas. Cocinar para quien quieres es un regalo.\r\n\r\n \r\n\r\nNos acercamos al MACA a ver a Magritte. Me había equivocado al leer las noticias y había entendido que lo que encontraríamos en el museo sería toda una exposición del autor belga, pero se trataba sólo de una pieza, “La Belle Societé”. Nos gusta mucho. Aprovechamos también para recorrer la exposición “Todo paisaje es ficción” que nos entusiasma. Nos llaman la atención varias piezas: una obra hecha sobre unas piezas de mármol blanco, de Jesús Pastor; dos inmensos cuadros de Patricia Dauder dibujan, con líneas finísimas hechas en grafito, un trazado que bien podría ser una ciudad o su vacío; dos imágenes inquietantes de Javier Vallhonrat.\r\n\r\n \r\n\r\nPasamos la tarde con A. tomando un té junto al mar y hablando de poesía y hablando de nosotros. Nos gusta verle y escucharle hablar, disfrutamos mucho de su compañía. Mientras, el sol se pone por el otro lado de la ciudad, y aquí se ve el cielo que se funde, y las montañas, tan claras, que parecen un dibujo. El frío define la imagen.\r\n\r\n \r\n\r\nDespués, vamos al cine a ver La la Land, ciudad de las estrellas. Es una película preciosa y, aunque no sea un drama, al terminar no podemos dejar de llorar. Cada vez que nos abrazamos, nos rescatamos del llanto.\r\n\r\n \r\n\r\nDomingo 15 de enero\r\n\r\nEn la terraza, al sol, antes de la comida, empiezo a leer La belleza del marido, de Anne Carson. A veces no termino de entender y sin embargo entiendo. Me parece que Carson habla en el idioma de los sueños, de cuando acudes a ese lugar donde todo es pegajoso y real y cuesta desprenderse.\r\n\r\n \r\n\r\nY se acaba el domingo. Nada más que esta siesta que nos roza, nada más que el invierno junto a ti.\r\n\r\n \r\n\r\n \r\n\r\n 

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