Lunes 10 de octubre \r\n\r\nHoy es la primera reunión de la comisión transversal en la que empezamos a andar por nosotros mismos. El orden del día que tenemos sólo lo cumplimos a medias, quizá por ser demasiado ambicioso, sobre todo teniendo en cuenta que somos un grupo de ciudadanos que apenas nos conocemos. No podemos empezar a construir sin comenzar con los cimientos. Hablamos, empezamos a decir. Todavía no reconocemos los modos, los dejes de los otros. Llegamos a exaltarnos y a emocionarnos. Conseguimos cumplir el horario.\r\n\r\n \r\n\r\nY parece que sí.\r\n\r\n \r\n\r\nMartes 11 de octubre\r\n\r\nHoy es martes pero también es viernes, así que me regalo dos libros de poesía (no es un razonamiento demasiado lógico, pero a mí me sirve). Poesía completa, de Idea Vilariño, reeditado por Lumen, y Antología poética, de Wislawa Szymborska, en Visor. Las empiezo a leer en la sala de espera. Qué bien que hoy sea viernes y también sea martes, y me haya regalado a dos poetas.\r\n\r\n \r\n\r\nMiércoles 12 de octubre\r\n\r\nPaso el día trabajando en casa, con cierta ansiedad. Quiero organizar sesiones tan ambiciosas como el cielo, y tengo que contenerme. A media tarde, empieza a llover.\r\n\r\n \r\n\r\nJueves 13 de octubre\r\n\r\nEn Facebook, en Twitter, en varios grupos de Whatsapp el tema del día es el premio Nobel de literatura a Bob Dylan. Se plantea el conflicto en términos de blanco y negro, de a favor o en contra, incluso de alta literatura frente a literatura popular. Quedo perpleja con muchas de las opiniones que leo.\r\n\r\n \r\n\r\nBob Dylan ha sido un músico que a través de sus canciones ha marcado e influido en miles de personas. Sus canciones son maravillosas, algunas verdaderos himnos de generaciones enteras, y él mismo, como artista musical ha ganado todos los reconocimientos que podía lograr.\r\n\r\n \r\n\r\nSin embargo, Bob Dylan no es escritor. Para sus creaciones se ha valido de los recursos propios de la composición musical, con sus reglas y sus códigos, que no son más ni menos que los propios de la composición literaria. Pero no son literarios. Leer un libro no es lo mismo que escuchar una canción. Se reciben y dejan en el receptor posos opuestos. Te requieren de maneras distintas. No sé muy bien en qué pensaría la Academia de Suecia cuando decidió este premio, pero no puedo estar de acuerdo, por mucho que me puedan gustar las canciones del señor Dylan.\r\n\r\n \r\n\r\nViernes 14 de octubre\r\n\r\nParece que una noche a la semana la tengo que vivir sobresaltada. Sigo sin saber qué tiene tanta prisa. Por fortuna, la siesta me repara.\r\n\r\n \r\n\r\nY un poco más allá, cuando la tarde es noche, volvemos a encontrarnos.\r\n\r\n \r\n\r\nSábado 15 de octubre\r\n\r\nLa performance sucede y te deja una serie de imágenes que sólo puedes entender si las analizas con precisión sintáctica. ¿Qué significa cortar un tejido si hablamos de dos o tres amantes que se van descubriendo con violencia y tijeras? ¿Marcar la carne qué? ¿Ponerse una peluca? ¿Repetir eternamente un círculo con la misma coreografía? ¿Y el rojo final? ¿O inmensa piedra negra de todo el escenario por donde perseguíamos para poder ver, a veces con dificultad, tres cuerpos codificados? Muchas veces no logro ver y me rindo. Me siento en el suelo y deseo quitarme los zapatos. No me atrevo a emitir un juicio todavía. Pero es un sí. Vengo de ver en el Centro Párraga de Murcia, el estreno nacional de la última performance de la bailarina y coreógrafa madrileña La Ribot Another Distingué. \r\n\r\n \r\n\r\nFotografío la escena final.\r\n\r\n \r\n\r\nSalimos todos de la sala tarareando el estribillo de una jota. «Anda y pínchame una vena / si piensas que no te quiero / y verás correr mi sangre / negrita de pasar penas».\r\n\r\n \r\n\r\nDomingo 16 de octubre\r\n\r\nEl documental Astral, dirigido por Jordi Évole, en La Sexta cierra el domingo contando el horror diario que sucede en el Mediterráneo. Miles de personas, miles de refugiados, quieren escapar de la guerra, la miseria, la crisis. Su esperanza es Europa. El barco de rescate de la ONG Proactiva Open Arms se dedica a rescatarlos de alta mar. Cuando los refugiados hablan a la cámara, cuentan que piensan en nuestro continente como un lugar donde prosperar y vivir tranquilos. Sus planes de futuro son los de todos: tener un trabajo, formar una familia, estar en paz. Su desesperación es la misma que tendríamos nosotros. Es un documental durísimo y necesario. Ojalá lo viese todo el mundo. Ojalá el otro dejase de ser lo que nos atemoriza para pasar a ser nuestro propio reflejo.

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