Vero McClain tiñe de rojo pasión, rojo deseo, las paredes del Museo de la Universidad de Alicante (MUA), como parte de su obra ‘The Power of Blood’: una instalación en la que el espectador se sorprende al acercarse a unos fálicos parlantes que penetran bocas vaginescas, desde los que emergen voces de mujeres y hombres que les gritan agresivos piropos. Al fondo, un vídeo muestra lascivas bocas masculinas y femeninas cuyas lenguas se retuercen mostrando imaginarios actos genitales, lamidas que pretenden ser sensuales pero que no pasan de ser una burda representación del poderío machista ‘falocéntrico’. Durante el trayecto por la sala, muchos hombres y algunas pocas mujeres se tocan, sacuden sus genitales mostrándolos agresivamente, llamando la atención hacia formas de poder en las que el respeto por el otro, la otra, brillan por su ausencia.\r\n\r\nPareciera que su deseo -interesante palabra en este momento- fuera reflexionar sobre el hecho de que algunas veces la mujer equipara su liberación adquiriendo comportamientos masculinos en detrimento de su propia feminidad o naturaleza.\r\n\r\nSobre su trabajo y las motivaciones que lo engendran hablo con Vero McClain, quien nos dice que es una arquitecta y artista multidisciplinar que ha iniciado su trabajo artístico a partir de la teoría de género. A continuación presento el encuentro dialógico que sostuve con ella.\r\n\r\n1\r\n\r\nVAHO MAGAZINE: ¿Se puede llegar del género a degenerar?\r\n\r\nVERO MCCLAIN: Se puede llegar al género degenerando porque la situación actual requiere que nos degeneremos todos y generemos una crítica través de lo artístico. \r\n\r\nV.: Usted dice que quiere hacer una crítica. ¿Cómo es la suya? \r\n\r\nV.M.: Personalmente me interesa la crítica más desde la reivindicación, desde la mujer que es desde donde yo trabajo. La sociedad debería tener ya implantada la desaparición de roles, de comportamientos, de actitudes que todavía arrastramos como consecuencia de una sociedad patriarcal… esa es mi manera de acercarme al arte reivindicativo. \r\n\r\nV.: Lo que la mujer es ahora… ¿tiene que ver con los “educastradores” que las mujeres han tenido en la familia y la escuela, los cuales les ha cortado las alas y estrujado el cerebro?\r\n\r\nV.M.: Yo creo que sí. Yo te hablo, sobre todo, desde mi postura personal. Los proyectos que yo he hecho son autobiográficos y en mi caso sí que, por ejemplo, llegó un momento en el que consideré necesario tomar una voz activa y fue cuando mi idea de mujer no coincidía con la mujer que soy, con la mujer que he soñado que tengo que ser. Eso viene de los modelos educacionales: desde los que tienes en casa a los que has aprendido en la escuela y la cultura. Nos dicen cómo tiene que ser la mujer, a qué tiene que aspirar, y lo que tú sientes que tienes que ser o sobre todo, lo que eres. Creo que hay modelos castradores que hay que poner por lo menos en crítica, reflexionar sobre ellos.\r\n\r\nV.: Eso implicaría que su modelo no sería entonces macho, falocrático, misógino o incluso heterosexual…\r\n\r\nV.M.: Es una gran pregunta porque por lo menos hasta seis meses lo era. Eso es lo increíble, la manera en que te educan hace que al final te sientas como una princesa que necesita al príncipe azul, al macho ibérico que te dé protección y te contenga emocionalmente y claro, elegir ese perfil de hombre lleva consigo una serie de cualidades que merman totalmente tu autosuficiencia, tu autoestima; son modelos tóxicos que hacen que tú no brilles con tu identidad propia, pareciera que siempre necesitas del hombre.\r\n\r\nV.: Mujeres ideales no hay en los cuentos, hay príncipes azules pero princesas fucsia no las hay. Para mí una princesa fucsia sería una mujer que se está creando y recreando constantemente, trasgrediendo el modelo del deber ser de la “feminidad”, ¿a estas mujeres el cuerpo se le convierte en un espacio público o en un espacio privado?\r\n\r\nV.M.: Ese es un gran tema de reflexión y de conversación porque actualmente digamos que la sociedad patriarcal y falocéntrica considera que la mujer es un objeto y un espacio público a partir del cual ellos tienen el poder de ejercer su dominio, somos una entidad pública, lo cual tenemos perfectamente montado.\r\n\r\nV.: Hablemos de que usted está siendo una ‘neo-mujer’, aun cuando algunos creen que las ‘neo-mujeres’ son las chicas que han transitado a las masculinidades. Los hombres consideran que una mujer inteligente es “poco atractiva” porque las mujeres deben ser tiernas y emocionales, como si la emoción fuera una característica exclusiva del cerebro del macho. ¿Estas mujeres fucsia que se apropian del cuerpo no corren el riesgo de quedarse solas?\r\n\r\nV.M.: Yo he tenido que buscar terapeuta porque el hecho de salir del ‘mátrix’ de esta sociedad genera a veces mucha confusión a nivel emocional. Mi terapeuta me decía: Te estás convirtiendo en una mujer extraordinaria, no porque seas mejor que las demás sino porque tienes una forma de pensar diferente, no ordinaria; te va a costar mucho encontrar pareja, te van a rechazar hombres y mujeres… y eso es cierto. Yo, en este proceso, he sufrido rechazo de mujeres que consideraban que mi postura era radical y de hombres que pensaban que iba contra ellos. Creo que es necesario afirmar que el feminismo no es el hembrismo, no es una postura radical que se equipara al machismo en sentido contrario. Lo que deseo es generar un debate sobre la condición de la mujer sin compararla con nadie. Claro que cuesta encontrar a alguien, a hombres y mujeres, que consideren que tus posturas están dentro de unos valores que no tienen que ser radicales y que generan reflexiones sin estar en contra de los hombres. \r\n\r\n4\r\n\r\nV.: Se le da un sentido muy diferente a ser un hombre público que una mujer pública, esta última es una “puta”…\r\n\r\nV.M.: De hecho, por la ‘video-performance’ en la que, por necesidad emocional, he tenido que grabarme desnuda ya que quería trabajar con mi cuerpo a nivel de expresión, los hombres que la ven consideran que por ello soy una “mujer de puertas abiertas”.\r\n\r\nV.: ¿Esas puertas están en la vagina?\r\n\r\nV.M.: Sí. Hay puertas que se abren cuando yo quiero. Ahí está la historia. Ellos consideran que ya por el hecho de exhibir mi cuerpo desnudo, ingreso en una categoría en la que debo estar abierta para cualquier hombre que tenga la ilusión de querer acostarse conmigo; no es así. Hay que separar que la mujer haga lo que haga tiene el derecho de elegir y ahí también se entra en el debate de lo que es genitalidad esporádica. Amigas mías se sienten utilizadas cuando eligen a los hombres porque ellos desde su imagen de príncipe azul consideran que son quienes las hacen especiales, pero la mujer debe sentirse especial por sí misma y elegir si le apetece o no tener relaciones con un chico o lo que quieran, porque normalmente los hombres son egoístas y solo les preocupa su propio placer. La relación debería ser un acto generoso, pero la generosidad y el respeto se restringe a las relaciones de pareja tradicionales; cuando una mujer rompe esa barrera el hecho de buscar el placer hace que se le vea y asuma distinta.\r\n\r\nV.: Cuando van por la calle, a las mujeres públicas les gritan muchas cosas. Su trabajo artístico tiene que ver con ello. ¿Por qué le interesa ese tema?\r\n\r\nV.M.: Todo esto partió de una experiencia que tuve a los veinte años, fue hacia agosto, en el verano, hacía un calor horrible, yo llevaba una faldita súper corta y una blusa con tirantitos. Pasó un coche y un hombre que iba en él, bajó la ventanilla y a todo volumen me dijo: “¡Niña, que se te va a constipar el coño!”. Yo, en ese momento, en vez de sentirme molesta con la otra persona me sentí súper sucia, molesta conmigo misma. Porque era yo la culpable… pensé que con mi vestimenta estaba dándole pie. Eso es lo que la sociedad nos inculca a las mujeres, que todas esas formas de violencia son por nuestra culpa. Eso yo lo llevaba muy metido en mi cabeza y me llevó a cambiar la forma en que yo vestía, me empecé a vestir muy “pudorosa”, me centraba en no dar pie a que me dijeran nada obsceno, hasta que ya en este siglo, en esta década, con unos años de más, reflexioné en plan de… ¿pero qué es esto?\r\n\r\nV.: ¿La reflexión la lleva a pensar sobre sí misma o sobre la sociedad?\r\n\r\nV.M.: Las dos se imbrican de tal manera que no sabes por qué suceden las cosas. Piensas en tu pareja, en tus padres, en la sociedad. El hecho es que me sentí con fuerza, con ganas de reivindicar mi presencia y ahí he empezado a soltarme de una cantidad de “burradas” que me decían en casa y en otros espacios por llevar la falda más corta y ponerme tacones. Eso generó una necesidad de reflexionar sobre por qué hombres y mujeres avalan estas posturas. El hecho de que una mujer o un hombre se vistan de una determinada manera no implica que sean identificados con una serie de improperios. Yo creo que la sociedad no asume que el cuerpo de las mujeres es suyo. Pienso que se debería plantear un consenso o por lo menos una reflexión sobre el respeto a la persona y comprender la diferencia entre el piropo, el halago y el acoso… sobre respetar los cuerpos.\r\n\r\nV.: ¿No cree que esta situación también termine afectando al hombre?\r\n\r\nV.M.: Claro, afecta no solo a las mujeres. En el hombre también la masculinidad necesita ser repensada. Pareciera que ellos necesitan demostrar esa masculinidad contantemente, si no la manifiestan son criticados, catalogados, objetados como gays, maricas… por no decir nada a una “tía buena”, ese posicionamiento es también muy cruel para el hombre. \r\n\r\nV.: A la mujer se le prepara como objeto sexual y al hombre como vulnerador…\r\n\r\nV.M.: La mujer asume desde la adolescencia que tiene que recibir los piropos y el hombre asume que tiene que decirlos. Incluso, la mujer sabe que a determinada edad va a dejar de recibirlos porque ya se le considera poco atractiva. Eso no depende de la propia mujer, de su propio cuerpo sino que le es impuesto culturalmente, es una valoración que la sociedad, la moda, las tendencias le imponen, por ello la mujer no puede habitar el espacio público como lo hace el hombre. Ella debe manejar ciertos horarios, no puede pasar por determinados lugares, no puede ir sola pero el hombre sí tiene esa libertad. Si ella va sola se vuelve objeto de improperios.

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