\r\n\r\nLunes 16 de enero\r\n\r\nHe soñado que volaba, que sabía perfectamente organizar el peso de mi cuerpo para salir disparada. Intentaba hacerlo cuando no me veía mucha gente para no llamar la atención, aunque en un determinado momento me escapaba de una reunión de postín que me aburría soberanamente.\r\n\r\n \r\n

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  1. cumple 89 años. Un presente exiguo. Parece serena; seguramente lo esté. Pienso en todos los presentes que pudo habitar y en el que habita ahora; en la memoria, en el recuerdo y en el olvido. Su sonrisa no tiene edad alguna.
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\r\n \r\n\r\nMartes 17 de enero\r\n\r\nEra verdad lo de la ola de frío pero me he abrigado tanto que apenas lo noto.\r\n\r\n \r\n\r\nPor la tarde acudo a la reunión de las comisiones del Pleno local de cultura. Aunque el sentido de las comisiones todavía me cuesta entenderlo, y compruebo que a varios compañeros les sucede lo mismo, parece que sí que hay un acuerdo de mínimos en cuanto a lo que es nuestra ciudad y lo que nos gustaría que fuese, en un sentido cultural y de ocio. ¿Cuándo nos convertimos en esto?\r\n\r\n \r\n\r\nMiércoles 18 de enero\r\n\r\nLa nieve. Hoy es un día de inverno como pocos. Todos somos un poco niños en esta tierra cuando nieva. Le digo al guardia que me abre la puerta que me gustaría abrigarme mucho y salir a pasear por el campo, aunque fuese un ratito; él preferiría estar delante de un fuego, que tampoco es mal plan.\r\n\r\n \r\n\r\nHoy, también, la celebro. Celebro que llegase y celebro que esté y que no marche.\r\n\r\n \r\n\r\nJueves 19 de enero\r\n\r\nEl despacho ha vuelto a inundarse. Parece que no está claro quién debe encargarse de solucionar lo que ya se anunciaba desde diciembre. Hoy, igual que ayer, parte de los profesores no han podido llegar porque las carreteras están cortadas. Paso la mañana sacando todo del despacho, con ayuda de compañeros y algunos alumnos. Levantamos la mesa sobre cuatro bloques de cemento. R. inventa un sistema casero para desviar el agua de la gotera hacia el exterior y recoger lo que pueda caer en dos cubos. Parece McGiver. La suciedad que había tras los armarios es alarmante. Escribo una carta a la dirección territorial explicando toda la cronología de los hechos pero cuando llego a Conselleria son más de las 15:30 y ya han cerrado. Cuando mañana entregue la carta, sabré quién se tiene que encargar también del moho.\r\n\r\n \r\n\r\nSueño con agua.\r\n\r\n \r\n\r\nViernes 20 de enero\r\n\r\nEn Conselleria todo resulta más fácil de lo esperado y después de entregar la carta por registro y tocar algunas puertas, me reúno con el jefe de servicio que se toma nota de lo ocurrido y promete llamarme en cuanto tenga respuesta. Al poco de llegar al centro, recibo su llamada que resuelve el entuerto. Sea como sea, mientras siga lloviendo tenemos que esperar. Me voy con algo de miedo a casa; hay previsiones de lluvia para el fin de semana y no sé lo que encontraremos el lunes.\r\n\r\n \r\n\r\nPor la tarde, en el Club de Lectura, comentamos tres cuentos de Borges: “Funes, el memorioso” de su colección de relatos Ficciones; y “La intrusa”, y “El informe de Brodie”, que tiene el mismo título que la colección donde se encuentran. El debate es tan apasionado que parece que estemos tratando un asunto de estado, especialmente con el relato de Funes. En esta relectura, he encontrado muchos matices nuevos, tantos como para cambiar mi enfoque. Borges deja espacio al lector; su sintaxis y su precisión léxica hacen de sus relatos una construcción robusta y barroca, pero con los huecos, con las elipsis necesarias para que nosotros podamos estar, y estar activamente. Lo hemos pasado tan bien hoy en el Club que ponemos tres nuevos relatos de Borges para la próxima reunión.\r\n\r\n \r\n\r\nSábado 21 de enero\r\n\r\nLlueve mucho y temo por el despacho.\r\n\r\n \r\n\r\nCuando voy en el coche, se me escapan muchas fotos. También se me escapan andando, pero no tantas como cuando conduzco. La mayoría de mis fotos las guardo para mí. Las hago con el teléfono, y eso no les resta demasiada calidad; muchos móviles actuales consiguen mejores fotos que la cámara con la que empecé a registrar. Hago muchas fotos de cielos, de los estados del mar, de las rocas del Cabo, de pájaros en movimiento. Momentos donde la luz parece establecer un diálogo con el paisaje. Me cuesta mucho dar una foto por válida para poder mostrarla. A veces hago hasta treinta o cuarenta fotos y ninguna me vale. Esto lo hago porque sí. En casa siempre había cámaras. Hice un curso de fotografía cuando era una niña y otro con veinte años, pero mi profesor era mi padre. Él hacía unos retratos fabulosos; le interesaba y le interesa, sobre manera, la profundidad de campo, de la misma manera que yo cuido los encuadres y el equilibrio de la imagen. Veo muchas similitudes entre la fotografía y la poesía, y entre la poesía y la danza. Son las disciplinas con las que me explico el mundo y lo que experimento, con las que aprendo a comunicar.\r\n\r\n \r\n\r\nPor la noche, cenamos con amigos. Celebramos, reímos. Nos abrazamos de verdad.\r\n\r\n \r\n\r\nDomingo 22 de enero\r\n\r\nDesayunamos tan tarde que se nos junta con la comida.\r\n\r\n \r\n\r\nAntes de sentarnos a la mesa, leemos un rato. En “El idioma analítico de John Wilkins”, de Borges, un artículo que aparece en Otras inquisicione, dice: “Cabe ir más lejos; cabe sospechar que no hay universo en el sentido orgánico, unificador, que tiene esa ambiciosa palabra. Si lo hay, falta conjeturar su propósito; falta conjeturar las palabras, las definiciones, las etimologías, las sinonimias, del secreto diccionario de Dios.”

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