La lectura es una actividad, por fortuna, solitaria; se lee a solas y el fruto de la lectura, si se da, madura también en soledad y silencio. La vivencia íntima que supone adentrarse en un texto no nos abandona, sigue sucediendo dentro de nosotros, como un recuerdo de nuestra propia biografía.

\r\nA veces me sorprendo contagiada de personajes cuya ficción se ha difuminado en mi propia memoria, de manera que también yo soy texto y ficción, pertenezco a un relato ajeno y me construyo en él, o mi propio relato son las voces de los otros que me pueblan.\r\n\r\nY cuento todo esto para explicar que, también por fortuna, algunas de mis lecturas no se han agotado sólo en mí. Durante unos cinco años, un grupo de amigas y amigos nos hemos estado reuniendo para comentar libros. Mensualmente nos proponíamos una obra, y un mes después, la comentábamos. Las normas en nuestro club eran sencillas, y muchas veces eran susceptibles de ser ignoradas: procurábamos leer novelas (salvo en contadas ocasiones) no demasiado extensas. Cada vez, proponía uno, y el que lo hacía, debía recomendar a los demás alguna novela que ya conociese. Esa persona era la encargada de presentar el libro en la siguiente sesión y señalar lo que considerase relevante, y a partir de ahí, se abría el debate. En el club hemos vivido momentos memorables: las discusiones han sido apasionadas y hasta exaltadas en más de una ocasión, pero las risas lograban suavizarlo todo. Hemos compartido lecturas de Rulfo, Cortázar, McEwan, Nothomb, Camus, entre otros muchos, y hemos cambiado de ubicación en muchas ocasiones: empezamos con la apertura del Hostal de la Sal y actualmente nos reunimos en Santamaca. El club ha vivido distintos momentos: tuvimos unos primeros años de una afluencia fabulosa pero, poco a poco, como suele ocurrir, la asistencia fue menguando. Parecen estos ser los tiempos de las agendas llenas y los compromisos nunca satisfechos. En nuestra última sesión, que prometía ser la sesión de despedida, entre los pocos asistentes allí reunidos, decidimos no abandonar y reconvertirnos en un club de lectura de relatos.\r\n\r\nEn Alicante, tanto desde la Universidad como desde la Bibliotecas públicas también se promueven diferentes clubs de lectura. Por lo que se refiere a iniciativas no institucionales, la librería Pynchon&Co., lleva dos talleres literarios, uno de lectura de prosa y otro de poesía; además existen otros muchos clubs que están constituidos como el nuestro, por un grupo de amigos. Uno de los más antiguos es El libro durmiente.\r\n\r\nDesde mi punto de vista, la literatura construye; genera un imaginario, amplía las posibilidades, nombra la idea. Cuando la literatura se desarrolla en el entramado social, genera diálogo, obliga a cuestionarnos nuestra verdad, y va del “yo”, al “otro” y al fin, al “nosotros”. Como decía, la literatura tiene la capacidad de construir, por ejemplo, de construir una idea de ciudad.\r\n\r\n \r\n\r\n


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