La novela más bonita, triste y luminosa que hemos leído en mucho tiempo ha sido escrita en Alicante. En Altea, concretamente. En esta localidad costera, refugio en otra época de artistas como Antonio Gades, Marisol, Gloria Van Aerssen y tantos otros, es donde vive desde hace unos años su autor, el francés Olivier Bourdeaut (Nantes, 1980).

Bourdeaut ha conseguido con su primer libro publicado, Esperando a Mister Bojangles, poner de acuerdo tanto a público como a crítica, al menos en su país natal. Y aquí nos acabamos de enterar. Su novela acaba de ser publicada hace apenas un mes, en castellano y catalán, por la editorial Salamandra. En ella el narrador nos hace partícipes de sus recuerdos de infancia, marcada por unos padres excéntricos, un estilo de vida donde la imaginación y la fantasía son la única norma y un castillo en lo alto de una montaña, en un luminoso pueblo de la costa de nuestro país.

La prensa francesa le ha comparado con autores tan dispares como Boris Vian, Roald Dahl, Scott Fitzgerald o Raymond Queneau. No está mal, y ciertamente algo de todos ellos tiene. Añadamos nosotros una pizca de Wes Anderson y Michel Gondry, salpicado por unas gotitas de Henri Salvador o Jaume Sisa (sí, son cineastas y músicos, pero es que la prosa de Bourdeaut es tremendamente bailable y está plagada de imágenes potentes e inolvidables…)

Entre presentación y presentación de su libro (Madrid, Zaragoza, Barcelona, Bilbao, Altea) hemos podido charlar con él, y este es el resultado.

 

 

En primer lugar, Olivier, gracias por contestar a estas preguntas. Es un placer poder entrevistarte para Vaho Magazine, una revista de opinión y cultura hecha en Alicante.

Soy yo quien os da las gracias. ¡Me siento muy feliz de poder contestar a un medio de Alicante, mi nueva región!

 

Háblanos de la génesis de tu libro. Parece que, tras un momento bastante depresivo de tu vida, llegaste a Alicante y decidiste empezar esta novela. ¿Nos puedes contar cómo fue exactamente el proceso?

Así es, tenéis toda la razón. En aquel momento estaba atravesando un periodo más bien desapacible. Por primera vez me planteaba qué estaba haciendo con mi vida, no le encontraba demasiado sentido. En esa época estaba viviendo en París, era invierno y deambulaba sin rumbo fijo, durmiendo en el sofá de algún amigo. Estaba sin trabajo y tanta inestabilidad no ayudaba a encontrar uno. Ahí fue cuando decidí llamar a mis padres, que llevan ya diez años viviendo en España y me invitaron a venir cuando quisiera.

Quince días después el avión me dejaba en tierra. Pasé de estar a bajo cero a encontrarme a veinte grados en apenas dos horas. El aire era suave, el cielo azul. Fui buscando un bar para comprar tabaco y al salir del coche sentí el olor a jazmín y azahar. En el bar sonaba jazz. Todo esto cambió mi estado de ánimo, pasando de una ligera depresión a una dulce euforia. Es esta euforia la que he intentado introducir en mi novela.

 

El libro transmite unas sensaciones que están siempre oscilando entre dos polos: por un lado la tristeza, la melancolía, el dolor… y por otro el amor, la felicidad y la luminosidad. ¿Refleja esto el estado de ánimo que tenías durante su escritura?

Totalmente. Como os decía, es una mezcla de lo que acaba de vivir -la tristeza y la melancolía- y lo que estaba viviendo en ese momento -la euforia y la luz, la luz exterior y la luz interior. Estos dos estados de ánimo han estado presentes en toda la novela, en su escritura y en su historia.

 

Una de las cosas que llama la atención es que en cierto modo es un libro muy transgresor, ya desde la misma dedicatoria “A mis padres, por su paciencia y comprensión, testimonio cotidiano de su amor”. Parece que hoy día sería más fácil interesar a la gente con un libro de familias rotas, malos tratos… sin embargo en Esperando a Mister Bojangles, pese al terrible drama que contiene, lo que acaba destacando es el profundo amor que se tienen los tres miembros de la familia. ¿Eras consciente al escribirlo de ir a contracorriente en ese sentido?

En primer lugar, esta novela no es para nada autobiográfica. Hay una brisa autobiográfica y, como decía antes, hay estados de ánimo que me abrazaban en ese momento. Pero la historia no tiene nada que ver con lo que viví de niño. No había previsto ni pensado en la historia que quería contar. Se fue dibujando al hilo de la escritura. Cuanto más avanzaba la novela, más decisiones tenía que tomar. Hay que creer que mis elecciones van contracorriente…

 

En las críticas a tu novela se habla de referencias como Boris Vian, Francis Scott Fitzgerald… ¿son autores que te interesan o te gustan especialmente? ¿Han sido referentes a la hora de escribir? ¿Qué tipo de literatura sueles leer?

Es una buena pregunta. He tenido la suerte de ser comparado con grandes autores, y eso siempre es halagador. Me sorprende mucho que me digan lo de Boris Vian… lo leí siendo muy joven y para ser sincero no lo recuerdo demasiado. Por tanto, no puedo decir que me inspirase nada….

Con Scott Fitzgerald es diferente. Quise inspirarme no en su inigualable estilo de escritura, tan preciso, sino en la trayectoria personal con su mujer. Ese comienzo de carrera fulgurante, lleno de fiestas elegantes, de locos caprichos, de cócteles multicolor, jazz, smokings, trajes de noche y largos guantes blancos… Y después, tras la crisis del 29, la decadencia social y el consiguiente deterioro mental de su mujer, Zelda.

 

Nos interesa mucho el hecho de que vivas en Altea, y de que el libro haya sido escrito aquí. ¿Cuál es tu relación con España, y en concreto con Alicante? ¿Conoces bien la provincia?

Siento un enrome cariño por España y los españoles. Soy muy feliz aquí, siento que la gente desprende un calor espontáneo, natural. Las relaciones son francas y entusiastas, es muy agradable.

Me gusta tanto esta zona porque empezó siendo mi lugar de vacaciones. Una región donde la montaña se lanza al mar… ¡es una obra de arte! Para mí era algo como de cuento de hadas, como lo son siempre las vacaciones para los niños. Pero a decir verdad, no conocí demasiados sitios durante aquellos años. Más tarde, cuando mis padres decidieron venir aquí, he podido descubrir muchos lugares nuevos. Ese paisaje oculto tras las montañas me tiene realmente fascinado. Me gustaría instalarme allí algún día, aunque de momento tengo la inmensa suerte de vivir al borde del mar. Me gusta mucho ir de fiesta al casco antiguo, la iglesia es encantadora y el ambiente fantástico, con todas las callejuelas de alrededor y su encanto atemporal.

 

Cuando empezaste a escribir esta novela tenías otra escrita. ¿Qué ha pasado con ella? ¿Piensas publicarla alguna vez? ¿Tenía algo en común con esta?

Mi primera novela es justo lo opuesto a Esperando a Mr Bojangles… larga, sombría, cínica y violenta. No tengo en mente editarla de momento… ya veremos.

foto XAVIER CERVERA

 

Se habla de una adaptación al cine del libro… suponemos que no puedes dar muchos más datos, así que vamos a hacer un ejercicio de imaginación. Si pudieras elegir a cualquier actor y actriz, vivos o muertos, ¿a quiénes elegirías para encarnar a los protagonistas de tu novela?

¡Tú lo has dicho! No puedo decir nada. Me he reunido con diecisiete directores distintos, ¡no está mal! Solo puedo deciros una cosa. Mientras escribía la novela, imaginaba a los actores que interpretarían a mis personajes y ahora me ha pasado algo muy loco: los tres actores han sido sugeridos por los directores. Es algo surrealista. Por una vez mis delirantes fantasmas se convierten en una realidad igual de delirante.

 

Para terminar, queremos pedirte una última sugerencia. Además de la canción que tantas veces se cita en el libro (Mr. Bojangles, de Nina Simone), ¿qué otras 5 canciones recomendarías para acompañar la lectura de tu novela?

En cuanto a las canciones, allá van:

Summertime, de Louis Armstrong & Ella Fitzgerald

Petite fleur, de Sydney Bechet

Je ne veux pas travailler, de Pink Martini

Un año de amor, de Luz Casal

House of cards, de Radiohead

 

Pues muchas gracias, Olivier, no queda más que desearte una acogida en España tan buena como la que has tenido en Francia

Muchas gracias a vosotros por el tiempo dedicado y vuestros deseos de éxito…

 

 

* Gracias a Paula Vilaplana por su ayuda con la traducción

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