Era una mañana de julio, bajo ese sol de justicia tan propio del verano alicantino. Se me ocurre levantar la mirada, y ahí está. Se puede ver desde casi cualquier punto de la ciudad. Y no, no me refiero al yate de Ortiz. «¿Me escuchará? Seguro.» Así que le pregunto. \r\n\r\n«El Castillo de Santa Bárbara, ¿Patrimonio de la Humanidad?»\r\n\r\nDesde su privilegiada posición, a más de 160 metros de altura y con la sabiduría que le otorgan esos siglos que adornan sus arrugas, al Moro le cambia la Cara cuando se le plantea esta pregunta. No sabemos si por sentirse sorprendido o halagado. Sin embargo, no es la primera vez que se sugiere esta posibilidad. Sin marcharnos demasiado lejos, allá por el 2010, la candidata a la alcaldía de Alicante, Elena Martín, lanzaba este órdago político que fue acogido por el consistorio de aquellos tiempos como una broma provinciana. Poco tiempo después, el testigo lo recogía el arqueólogo municipal, Pablo Rosser, quien insistía en darle valor patrimonial mundial a nuestro rostro más emblemático. Y, por fin, hace poco más de un mes, de la teoría nos embarcamos en la práctica: se presentará a la UNESCO la Candidatura para que el Castillo de Santa Bárbara se convierta en Patrimonio de la Humanidad.\r\n\r\nNo sé si al Moro le habrá cambiado la Cara esta vez, pero como no se den prisa, creo que de eso se encargará gustosamente la erosión. Ya sabemos que estos procesos son largos y costosos, pero considero que para Alicante sería una noticia extraordinaria, ya que ayudaría a la ciudad a desterrar esa imagen que tiene de enclave bananero de sol, playa, paella y sangría, y la catapultaría hacia un turismo cultural, del que vamos más que sobrados (y esto os lo puedo asegurar, aunque sea típica esa frase tan nuestra de: “si aquí no tenemos ”). Cuestiones aparte son si verdaderamente el Castillo de Santa Bárbara y la Cara del Moro merecen este galardón.\r\n\r\nBajo mi punto de vista, nuestro castillo es probablemente el lugar más desaprovechado de la ciudad (junto con los Depósitos de la Británica en la Serra Grossa). Quizá por ello en estos momentos no se encuentre del todo preparado para recibir semejantes honores. Aunque esto tiene solución. Y ello pasa por convertirlo en uno de los ejes vertebradores de nuestro turismo, a través de una gestión cultural acorde a esta joya patrimonial, turística, cultural y sentimental. También pasa por evitar ocuparlo con exposiciones tan descontextualizadas como los Clicks de Playmobil, Toda la Galaxia en el Castillo o la Fortaleza del Anillo (y, ojo, lo dice un fanático de Star Wars y JRR Tolkien). Y, por supuesto, pasa por arrancarle de la cabeza esa horripilante antena que lo corona vergonzosamente, y que las 400.000 personas que lo visitan al año contemplan entre el estupor y la duda: «¿Esta antena es medieval o renacencista?».\r\n\r\nEn este sentido, el Concejal de Cultura, Daniel Simón, y la Concejala de Turismo, Eva Montesino, presentaron un Plan Estratégico para el Castillo de Santa Bárbara, ligado a las Torres de la Huerta, la isla de Tabarca y el Castillo de San Fernando. Crucial para lograr, como decía antes, una gestión cultural adecuada, pero también para que la propuesta prospere lo antes posible y se pueda presentar una sólida candidatura que saque del ostracismo a nuestra fortaleza, que en otros tiempos fuera considera como “la llave del reino”, y que ahora es poco más que un mirador de la ciudad para los turistas que llegan a Alicante sorprendidos por descubrir que tenía un castillo.\r\n\r\nDe momento, este verano, ya está en marcha A LA LLUM DEL CASTELL, un programa estival con actividades culturales para los meses de julio, agosto y septiembre: recitales de música coral en el Aljibe (que han tenido una gran repercusión mediática), representaciones de teatro clásico e infantil, festivales (como el Transtopicalia) y conciertos y cenas con espectáculo. He de reconocer que se me queda un poco corto todavía, pero es un alivio comprobar como el Halcón Milenario ya vuela por el hiperespacio, los orcos regresan a Moria y los Playmobil ahora se pudren en las mazmorras. Y que no vuelvan jamás, por favor.\r\n\r\nLevanto la mirada hacia el Moro otra vez y le vuelvo a preguntar: «¿Patrimonio de la Humanidad?» Y entonces es cuando me doy perfecta cuenta de que sí me escucha. Lo que ha ocurrido durante todo este tiempo es que hemos sido nosotros, los alicantinos, los que hemos dejado de escucharle. Desde siempre ha sido el rostro de Alicante, y ya no me la puedo imaginar con otra Cara que no sea la suya. Una Cara que sonríe, y sonríe porque por fin tenemos la oportunidad de hacer las cosas bien en esta ciudad.\r\n\r\n \r\n\r\n 

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