\r\n\r\nAnte mí, una pronunciada cuesta. La remonto casi sin aliento. La verdad es que el hedor a meados no ayuda a ensanchar los pulmones. Una rata se cruza en mi camino. Casi sin tiempo para sorprenderme, un desconocido se me insinúa, ofreciéndome estupefacientes. Me habrá visto cara de consumidor. Lo rechazo amablemente, y sin mirar atrás, continúo. Por un momento me veo embriagado por la belleza de las fachadas, por ese laberíntico entramado que evocan las ciudades viejas, por esa atmósfera de aventura que se respira cuando te pierdes entre tus pasos… y allí está. Es una mujer mayor, sentada en una silla de madera y esparto. Siento el irrefrenable deseo de saludarla, de mostrar mis respetos ante esta efigie de las tradiciones, pero cuando empiezo a dibujar la sonrisa que preludia la reverencia, se gira violentamente hacia un lado y grita un nombre indescifrable. Creo que llama a su perro. O a su hija. No lo tengo muy claro. Y no, esto no es el Bronx. Todavía.\r\n

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Si Vd. Sigue la flecha

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tendrá que subir a pie

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pero verá un lindo barrio

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moro y cristiano a la vez.

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La Cruz lleva por nombre

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y es digno de recorrer.

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\r\n \r\n\r\nEsto es el Barrio de Santa Cruz. Desparramado en el Benacantil y asomado a un balcón privilegiado desde el que se ve el azul y luminoso Mediterráneo, Santa Cruz son sus callejuelas intrincadas y sinuosas adornadas con un bosque de macetas, sus casitas humildes de blancas fachadas que evocan lo andalusí y sus cientos de escalones que nacen en la Plaza del Carmen y ponen a prueba las gravedades arquitectónicas. Lo que antaño fue un barrio de pescadores, portuarios y otras gentes humildes, ahora se erige como uno de los principales reclamos turísticos de nuestra ciudad.\r\n

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No te canses

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Sigue andando

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que en lo alto está la ermita

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y Cristo te está esperando.

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\r\n \r\n\r\nNo son pocos los visitantes que recorren sus calles, plazoletas y encrucijadas, ya sea para perderse en esta maraña urbana o coronar la ermita dieciochesca que se destaca junto a la muralla y que domina la bahía, o bien para vivir cualquiera de sus dos grandes celebraciones: las Cruces de Mayo y la Semana Santa. Ambas relacionadas con ese ADN único de las gentes de este barrio, de piernas curtidas, de subir y bajar escaleras, que han hecho de la cuesta su santo y seña. A destacar, por descontado, son los Pasos de Miércoles Santo, y ese Descendimiento de Cristo que remonta 70 años de antigüedad y más de 200 escalones entre vítores y saetas. Un espectáculo que miles de personas no quieren perderse cada año.\r\n\r\n \r\n

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Cuesta abajo

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y cuesta arriba

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a hombros de costaleros

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me llevan año tras año

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por este estrecho sendero.

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\r\nLas bondades de este barrio no son pocas. Aunque no tantas como las que fueron. Ya nada queda de ese barrio en el que el tráfico era totalmente desconocido. De esas fachadas saneadas, de esas calles limpias, de esas puertas brillantes. De esa atmósfera anclada en un tiempo pretérito, bajomedieval, donde el silencio daba lugar a la reflexión y la paz estaba con todos. De esa humildad del espíritu de sus pescadores y de esa valiente batalla que se libraba diariamente contra sus cuestas. Porque la cuesta sigue estando, pero el Peso de la Cruz la hace cada vez más pronunciada.\r\n\r\n \r\n

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Yo cuando bajo estas cuestas

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nunca temo caerme,

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los hombres que a mí me llevan

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me quieren y me protegen.

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\r\n  \r\n\r\nSanta Cruz es un barrio en riesgo de exclusión social. La suciedad y la ruina de sus calles, contrasta con la plaga de ratas y cucarachas, que se pueden ver incluso a plena luz del día, conviviendo con sus gentes. El narcotráfico y el jaleo parecen ser los motores de su economía, a pesar de que decenas de turistas se atreven a remontar sus escalones cada día. Y digo “se atreven” con pleno conocimiento de causa, pues en sus caras se puede entrever el estupor cuando se ven inmersos en un lugar que no es lo que les habían prometido en la oficina de turismo. El desempleo es evidente en sus vecinos, que se beben las horas en los bares, desde que despunta el alba hasta que el gin tonic aguante por la madrugada. Y sin querer profundizar demasiado en el debate de si es adecuado o no para nuestro patrimonio cultural que la zona principal de fiesta se encuentre enclavada en el Barrio – Casco Antiguo… si diré que Santa Cruz se ha convertido en el meadero de aquellas y aquellos que salen de fiesta cada fin de semana.\r\n\r\n \r\n\r\nCierto es que la belleza inherente al barrio sigue latente, que el flujo turístico no se detiene a pesar de los pesares, que sus fiestas siguen siendo una referencia a nivel local y provincial, pero no nos engañemos: Santa Cruz está hecho un verdadero asco, a todos los niveles (y creo que esto no nos va a ayudar en absoluto en nuestro intento de que la UNESCO nombre Patrimonio de la Humanidad al Castillo de Santa Bárbara).\r\n\r\n \r\n\r\nEn ese sentido, el pasado mes de septiembre la Concejalía de Seguridad anunció que pondrá en marcha un plan para mejorar la imagen y la convivencia en el Casco Antiguo. En mi opinión, es una buena noticia, aunque no me quedaría solo en una mejora de imagen, sino en un cambio de modelo del barrio. Porque cuando uno se imagina lo que Santa Cruz podría llegar a ser, se llega a sentir verdaderamente orgulloso de su ‘alicantinidad’: un barrio cosmopolita, rebosante de vida, con edificios restaurados, callejuelas sembradas por librerías, tiendas de artesanía, pequeños comercios de todo tipo, terracitas donde tomarse una copa o un respiro y, llamadme loco, un museo etnográfico para la ciudad. Qué ocurrencias, ¿verdad?\r\n\r\nMi ‘viacrucis’ por Santa Cruz me lleva justo por donde ha empezado, en la Plaza del Carmen. Le lanzo una última mirada a sus calles entramadas, a sus cientos de escalinatas, a sus fachadas, a ese desconocido que me vendía el paraíso químico y a esa mujer sentada en su silla que solo conoce el idioma de los gritos. Pero aún puedo ver más allá, y veo su historia, sus tradiciones, sus costumbres, sus fiestas y, por encima de todo, lo que significa este barrio para Alicante.\r\n\r\nY es que con el Peso de esta Cruz cargamos todas y todos.

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