Vuelvo a casa algo asombrado de dar un paseo por la playa. Estamos abril, ha llegado el buen tiempo y desde bien temprano el Postiguet se llena de estudiantes que con su mochila y su balón va a pasar el día rebozándose en la arena mientras sus ilusos padres creen que están instruyéndose para alcanzar un futuro fulgurante. Por supuesto no es ese el motivo de mi asombro. ¿Quién no ha hecho lo mismo? Lo que me sorprende es el número de veces que se repite en sus conversaciones la palabra maricón. Yo tan apartado de las aulas desde hace décadas, pensaba que maricón como insulto había caído en desuso, que la normalización había llegado a los colegios y que era muy habitual que el mariquita de la clase ya no se sintiera desplazado, insultado y ninguneado. Pues amiga, por lo visto no es así y por lo tanto no está todo conseguido.\r\n\r\nSiempre había tenido la sensación de que Alicante a pesar de ser una ciudad pequeñita y por qué no decirlo algo provinciana era un lugar en que la salida social del armario no resultaba especialmente traumática. Ahora empiezo a dudarlo y quizá mi visión es un espejismo por el ambiente de aquellos años.\r\n\r\nY, sí, cuando me refiero a ambiente hablo del ambiente gay de Alicante tan denostado actualmente. Ahora somos todos muy modernas, muy indie, muy liberados y si se te ocurre decir que sales por el ambiente estás perdido. Eso si amiga, cuando te pica a la salida del Stereo, Grindr echa humo. Hubo una época en que no fue así, el ambiente fue necesario y no sólo para refugiarte y sentirte cómodo sin tener que soportar comentarios y miradas de desaprobación sino para darte cuenta que podías vivir tu vida de la manera que quisieras.\r\n\r\nLa semana que viene va a hacer ya tres años que echo el cierre el “Forat” y nosotros los alicantinos tan desmemoriados ya casi ni nos acordamos de lo que supuso para la ciudad. El “Forat” abrió por primera vez sus puertas en agosto de 1974 en la Calle Cisneros al lado de los Astoria. Yo en ese año aún no había nacido pero sí recuerdo muy bien la primera vez que estuve allí y como se convirtió en el sitio donde quería estar. Hablo de una época en la que en Alicante muy pocos cogían la bandera arcoíris, no había asociaciones, Zapatero no había aprobado la Ley y la normalización se veía muy lejana. El “Forat” no fue simplemente un pub, fue durante 38 años el templo de la libertad dónde todos, sea cual fuera nuestro sexo o tendencia, teníamos nuestro sitio, donde Toni te recibía con una sonrisa, te regalaba sus recopilaciones de música y te hacía sentir como en casa. Es tanta la importancia que ha tenido el local, que “Forat” ha sido una de esas pocas marcas que terminan por convertirse en adjetivo. No es raro escuchar eso de: “esta música es muy forat” o “la decoración es muy forat” o “este local es muy forat”.\r\n\r\nAhora me da la impresión que todo lo conseguido en esa época se ha diluido y somos los propios maricas alicantinos los que criticamos y apartamos de nuestro entorno todo lo que “huela a gay” y muchos llegan a convertirse en los principales homófobos. Eso sí, en cuanto llega el último fin de semana de junio nos cogemos un Ave, nos plantamos en Gran Vía deseando que nos hubieran invitado a subirnos a una carroza y nos fundimos la VISA con tal de estar en todas las fiestas porque el Pride en Madrid es muy de moderna pero salir por ambiente en alicante es de cutres, antiguas y de “tener mucha pluma”.\r\n\r\nComo leí una vez en una entrevista al gran Toni Forat:\r\n

“Ni un sistema ni un estado te da la libertad, te la das tu mismo y tenemos que estar unidos para conseguir nuestros derechos”.

\r\nY esto querida amiga no se consigue echando piedras sobre nuestro propio tejado como estamos haciendo en Alicante. No seré yo quien te diga que te envuelvas en la bandera y te plantes en todas las manifestaciones pero al menos no te conviertas en ese tipo de persona que discrimina a todo aquel que le pueda crear inseguridades o remover su zona de confort.\r\n\r\nVamos a recuperar el espíritu de “Forat”, que Alicante siga siendo esa ciudad en la que todos podamos convivir sin que nadie se tenga que sentir discriminado a consecuencia de la falta de cultura o educación de cualquier garrulo que se sienta en superioridad por su opción sexual.\r\n\r\nEmpecemos por aquí y será en ese momento cuando el insulto habrá perdido pierda toda su carga despectiva y puedas decir con orgullo, soberbio y vanidoso: ¡Soy Maricón!\r\n\r\n \r\n\r\n


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