Tras la puerta de aquel minúsculo local -”La casita azul” la llamaban-, las paredes eran verdes (no existían esos característicos azulejos estilo pop art) y el olor a corcho (y no a limón, azúcar y canela) impregnaba el lugar. Entonces -estamos en los primeros años de posguerra- era un bajo en el que se fabricaban tapones de corcho y no existía el resto del edificio.\r\n\r\nEsto es lo que se encontró Alejandrina Candela Carbonell en el nº 38 de la calle Calderón de la Barca. Inma y Mª Ángeles, sus nietas y las representantes de la tercera generación de este pequeño pero exitoso negocio, no tienen claro cómo le vino la inspiración. Pero sí que fue una gran visionaria. “¿Abuelita, por qué azul?”, le preguntaban, como les pregunto yo ahora. “Porque es el color de Alicante.”, decía.\r\n\r\n14288833_10155235835192067_1964185495552553896_n\r\n\r\nPuede que la fachada azul no fuera la inspiración sino una señal. Porque la Horchatería Azul acabaría convirtiéndose en un emblema de la ciudad. Oficialmente, se fundó en 1942, cuando alguien le dijo: “Alejandrina, ya está bien, tienes que poner esto en orden”.\r\n\r\n14317584_10155235834752067_7343769716258401288_n\r\n\r\nEs el resultado de una gran gesta, que se repite generación tras generación. La primera fue la de Alejandrina, una madre emprendedora en años difíciles, que tiró de tres hijos y un negocio. Al principio la horchata, el limón o la cebada eran unos concentrados que preparaba al baño maría en una gran caldera y que después distribuían una “red” de repartidores en bicicleta, para que la gente los mezclara con agua, azúcar o miel. En sus inicios, la horchata de la azul era Do it yourself. \r\n\r\nNunca se han gastado un sólo euro en publicidad, pero aparecen en medios nacionales, como un referente de nuestra ciudad y el lugar donde disfrutar de la mejor receta de horchata. Nadie les lleva el SEO pero si ‘googleas’ “la mejor horchata de Alicante” aparecen en la primera entrada. Pero a ellas les preocupa más que el mostrador esté siempre atendido y los productos recién hechos, para que sean completamente naturales. “Me entero por los clientes. Los de Trip Advisor aparecieron por aquí para pegar el cartel de recomendado y el certificado de excelencia”, me dice Inma, mientras me enseña su modesto ‘press-clipping’, una carpeta donde ha ido guardando las cosas bonitas que dicen de este establecimiento.\r\n\r\nLos que no lo conocen. Para sus clientes es más que eso: un lugar de reunión  y de reencuentro. Su clientela es fiel y habitual. Allí se saluda a mucha gente por su nombre, siempre con una sonrisa en la cara. Y si eres de los que no se cansa de repetir, Inma y Mª Ángeles sabrán lo que vas a pedir, como la pareja que acaba de entrar, como cada día, para tomarse un blanco y negro.\r\n\r\nLa Horchatería Azul también es fiel a sí misma. Y esa es la fórmula del éxito: “a la gente le gusta ir a un sitio que reconoce y en realidad no le gustan tanto los cambios”, afirma Inma. A esa conclusión llegaron cuando hicieron reformas en 2008: el local era intocable y los azulejos, también. Aunque su padre, Manolo Sorribes -la segunda generación- los escogiera al azar. “Nosotras cambiamos el suelo y el mostrador, e hicimos reformas en los cimientos del edificio poniendo vigas de refuerzo, porque se estaba cayendo (tiene 100 años)… Pero no tocamos los azulejos, sólo cambiamos los que estaban rotos, que nos los hicieron iguales. Por eso nuestros clientes sienten que entrar aquí es como volver al pasado”, me cuenta Mª Ángeles. Ahora esos coloristas diseños son el típico fondo de las fotos que sus clientes suben a Instagram. Inma siempre lo tuvo más claro que ella: “cuando íbamos a hacer esa reforma mi hermana quería modernizarlo, hacerlo más grande pero yo dije que no, que la gente quería este local: una cosa antigua y con esencia. Ampliamos la parte de dentro, para estar más cómodas trabajando en la elaboración. Pero nos hemos mantenido iguales, dando calidad a buenos precios y sobre todo cuidando el trato al público”.\r\n\r\nEsa elaboración es el pan nuestro de cada día, desde el 1 de mayo hasta el final de temporada (este año, el 2 de octubre) de Inma, la heredera de la fórmula secreta, que lleva en la familia más de 70 años. Con ella al frente del negocio se ha ido innovando y ha creado más productos, como la horchata de avellana o el chocolate granizado que se han añadido al repóker de ases: la horchata, el limón granizado, el café granizado, la cebada y la leche preparada.\r\n\r\n14344727_10155235834187067_3454942892236009073_n\r\n\r\nAunque la fórmula no le llegó hasta el día en que tuvo que ponerse al frente precipitadamente, ella y su hermana llevaban toda la vida entre fogones. “A los once años ya te ponían en el fregadero. Luego ya ibas subiendo de rango”. Crecer en una horchatería no es tan ideal como yo lo había imaginado. Aunque la horchata sustituyera al cola cao durante la temporada de apertura, también trabajar en el local era su única opción en verano. Ni siquiera podían permitirse suspender, porque allí los cuatro hermanos tenían que arrimar el hombro ayudando a sus padres. Como hiciera Manolo, que con cuatro años ya ayudaba a su madre a triturar las chufas en el molino, o su hermana, que atendía el mostrador subida a un cajón.\r\n\r\nManolo y su mujer Maruja recogieron el testigo e inculcaron a sus hijos, como hiciera Alejandrina, el amor por esta profesión que les vino dada. Y con ella, una vida llena de alegrías, como Maruja recuerda con nostalgia. Tanto fue así que ahora le cuesta ver el mostrador desde la otra parte y no seguir despachando horchata y sonrisas, en ese que siempre fue su lugar feliz. Han sido el mejor ejemplo para Inma y Mª Ángeles, que ahora ocupan sus puestos y repiten su gesta. Manolo trabajando en el obrador y Maruja sonriendo en el mostrador han sido una seña de identidad de la Horchatería y que mantengamos la tradición nos orgullece.\r\n\r\nPese a los cambios, hay algo que sigue siendo igual: “los productos son naturales, no tienen conservantes ni colorantes y eso se nota. Mi hermana está a las 7 de la mañana con las botas puestas haciendo horchata. La gente entra por la tarde y dice ¡ay, nena, cómo huele a limones!”. No me cuesta creer a Mª Ángeles cuando precisamente me llega ese olor desde el interior, donde Jose María, su hijo de 19 años, hace sus pinitos como artesano. No quieren presionarle, pero las esperanzas están puestas en él y en su hermano, la cuarta generación. Si ellos no lo continúan, el negocio morirá con ellas. “Yo la fórmula no la voy a pasar a nadie que no sea de la familia”. Inma tiene claro que esto no es sólo un negocio, es su hogar y que esas paredes guardan toda la historia de su familia. Han crecido con él, como sus clientes. Y a ellos también los han visto crecer: embarazos, niños que de un verano para otro dan el estirón y por fin llegan al mostrador. Personas que se despiden “hasta el año que viene si Dios quiere”, sin saber que Dios no quería.\r\n\r\n14370087_10155235835367067_8854183430867515378_n\r\n\r\nDos agentes ciclistas de la policía local disfrutan su merienda de pie en el mostrador. Así conoció Marian a su chico, también policía, me cuenta una de las cuatro chicas que trabajan con las hermanas. Ella ya lleva diez años, desde que estaba en plena edad del pavo. Ahora ya ha terminado Derecho. No son de la familia, pero Inma y Mª Ángeles las adoptan como tal.\r\n\r\nNo será el único cuerpo que aparezca por allí. En la cola que se va formando (la clásica cola de prácticamente cada día) distingo también a unos cuantos bomberos.\r\n\r\n \r\n\r\nYa estoy a punto de irme cuando un chico me pregunta si estoy haciendo un artículo y me aporta un testimonio fundamental: “Yo soy de Ibi y cuando bajo a Alicante siempre vengo. Soy diabético y este es el único sitio donde he encontrado horchata sin azúcar”. Una prueba más de cómo cuidan de sus clientes en la Azul y cómo les hacen sentir como en casa. Así me he sentido yo, mientras disfruto de un Nacional y de la historia de este ‘minúsculo local sin pretensiones, pero único, donde se puede comprar horchata granizada o líquida a muy buen precio’.\r\n\r\n“Adiós, te leeré desde Escocia. Vivo allí”, me dice el espontáneo de Ibi, después de tomarse su horchata sin azúcar en dos tragos.

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